Julian Burger

Julian Burger

JULIAN BURGER

Julian Burger coordina el programa de los pueblos indígenas en la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH) desde 1991. Ha viajado en numerosas ocasiones a comunidades indígenas de todo el mundo y es autor de diversos libros y artículos sobre estos asuntos. La presente contribución no refleja necesariamente la opinión de la OACDH.

 

La implementación de la Declaración sobre los Derechos de los
Pueblos Indígenas asegura que los pueblos indígenas puedan seguir
jugando el papel de protectores de sus tierras y la biodiversidad
Julian Burger

 

LOS PUEBLOS INDÍGENAS CONSIGUEN SUS DERECHOS INTERNACIONALES

La biodiversidad es fundamental para los pueblos indígenas de diversos lugares del planeta. Los pueblos indígenas dependen de las múltiples variedades de plantas, animales y microorganismos, y de las complejas relaciones que les permiten sobrevivir y que contribuyen a su bienestar. Dicha dependencia es conocida en su cultura, tradición y creencias. Para algunos de ellos, determinados lugares, especies o ecosistemas pueden llegar a tener un significado cultural, espiritual o sagrado. La noción de protección de la tierra y la naturaleza que define la cultura de los pueblos indígenas puede ser difícil de comprender para algunos de nosotros, para quienes los vínculos diarios con el mundo natural están claramente restringidos. Sin embargo, no cabe duda de que todos los habitantes de la Tierra dependemos de la biodiversidad de nuestro planeta, incluidos todos aquellos que vivimos en las ciudades.

Fue en 1982, en la primera sesión del grupo de trabajo de Naciones Unidas sobre los pueblos indígenas, cuando tuve mi primera lección acerca de los vitales vínculos espirituales existentes entre los pueblos indígenas y sus tierras. Un americano nativo -un navajo si no recuerdo mal- intentaba explicarnos la importancia de la tierra a un reducido grupo de expertos en derechos humanos y burócratas de la ONU.

Por aquel entonces, el tema de los pueblos indígenas era apenas conocido a escala internacional. El conferenciante comenzó apuntando que las grandes religiones organizadas construían sus lugares de adoración -los cristianos sus iglesias y catedrales, los musulmanes sus mezquitas, los hinduistas y budistas sus templos- y que lo podían hacer dondequiera que los practicantes de estas religiones se juntaran. De hecho, si viajaban a la luna, podrían también construir allí sus iglesias, mezquitas y templos, y podrían encontrar así su bienestar espiritual. Para su pueblo, nos explicó, la tierra era su iglesia; los ríos y montañas, su mezquita; los animales y plantas en sus tierras tradicionales, su templo. Arrebatar las tierras a los pueblos indígenas era como denegarles su religión, su identidad como grupo, y de este modo se estaría impidiendo que cumplieran sus obligaciones con la tierra y sus guardianes.

Ha llovido mucho desde 1982. Para empezar, el mensaje principal de los pueblos indígenas de que la especie humana no debe considerarse propietaria de la naturaleza, ni ha sido designada para hacer lo que desee con ella, sino que debe ser su protectora, ha conseguido una aceptación generalizada. El concepto de desarrollo sostenible -un desarrollo que cubre las necesidades del presente sin comprometer la posibilidad de que generaciones futuras puedan cubrir las suyas- refleja modestamente este mensaje. Igualmente ha habido un gran desarrollo en la ley internacional relacionada con la biodiversidad y los derechos de los pueblos indígenas.

La Convención de 1992 sobre la Biodiversidad Biológica reconoce el valor del conocimiento tradicional de la biodiversidad por parte de los pueblos indígenas, y durante más de quince años ha establecido mecanismos para que dichas comunidades puedan participar en su implementación.

Finalmente, en el año 2007, tras más de veinte años de lucha y negociaciones, la Asamblea General adoptó la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Sin embargo, con estos dos importantísimos instrumentos internacionales bien establecidos, no pensemos que los pueblos indígenas han adquirido el derecho a controlar sus tierras, recursos y biodiversidad, o a participar de los beneficios que se derivan de los mismos. Gobiernos y empresas continúan realizando sus actividades de manera insistente en tierras de pueblos indígenas y están repercutiendo en la biodiversidad de modo irremediable y a largo plazo.

Es necesario renovar fuerzas para evitar estas formas de desarrollo insostenibles y dañinas, para confirmar el derecho de los pueblos indígenas a poder tener un control pleno sobre sus tierras y garantizar que den su consentimiento antes de que se lleve a cabo cualquier actividad que pudiera repercutir en sus culturas, tierras y entorno natural.

A nivel internacional solicitamos la implementación de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas por todos los estados, para que los pueblos indígenas puedan continuar desempeñando su papel de guardianes de las tierras y de la biodiversidad que los rodea.

Julian Burger

 
   

Publicado en la editorial LUNDWERG, S.L. De venta en grandes librerías (La Casa del Libro, El Corte Inglés, FNAC, Deviaje, etc.) y en internet

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