Jesús Garzón

Jesús Garzón

JESÚS GARZÓN

Jesús Garzón Heydt (Madrid, 1946) es investigador de la fauna ibérica amenazada de extinción. Desde 1973 a 1983 dirigió el Proyecto Internacional UICN-WWF para la Conservación de la Naturaleza en España occidental. Desde 1984 a 1987 fue director general de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura. Desde 1992 preside la Asociación Concejo de la Mesta y desde 1997 la Asociación Trashumancia y Naturaleza, para la conservación de la Biodiversidad ibérica mediante la recuperación de la trashumancia tradicional del ganado por las Vías Pecuarias.

 

La preservación de los principales ecosistemas del planeta
requiere de la experiencia y la gestión de los pueblos nómadas.

Jesús Garzón

 

PASTORES NÓMADAS PARA LA CONSERVACIÓN DEL MUNDO

El hombre y sus rebaños caminan al ritmo señalado por los ciclos
de la naturaleza; no tratan de modificar el clima ni de conseguir
elevadas rentabilidades a base de adquirir tecnologías complejas, costosas
y foráneas; modelan el paisaje con técnicas simples y efectivas, se adaptan al
curso de las estaciones. Viven en armonía con el medio y no tienen necesidad
de arañar la naturaleza para sobrevivir; les basta con acariciarla,
sometiéndose al ritmo que ella misma impone.
Severino Pallaruelo, 1993

Más de la mitad de la población mundial depende total o parcialmente del ganado para sobrevivir: esto incluye a unos doscientos millones de pastores, seiscientos millones de ganaderos de subsistencia y más de mil millones de personas sin tierras. La mayor parte de esta población habita en comarcas frágiles y marginales que no admiten la intensificación ni el cultivo, y se enfrenta a suelos pobres o desérticos, a lluvias irregulares y a las temperaturas más extremas de la Tierra.

Es imprescindible por ello mantener los usos y costumbres tradicionales de estos ganaderos, pues todos los esfuerzos realizados durante las últimas décadas para «mejorar y modernizar» sus condiciones de vida han terminado generalmente en fracasos estrepitosos, tanto desde el punto de vista económico y social como ambiental. Los pueblos pastores constituyen una de las culturas más antiguas del mundo, con más de diez mil años de experiencia en el manejo y mejora de los territorios donde habitan y son, por lo tanto, depositarios de conocimientos y recursos genéticos valiosísimos para el futuro de la Humanidad.

Se estima que durante este siglo la desertificación afectará a mil millones de personas. Las pérdidas agrícolas y ambientales relacionadas con la desertificación están valoradas en 40.000 millones de euros al año, sobre todo debido

a prácticas agrícolas y forestales inadecuadas, a incendios y a las políticas de sedentarización de las poblaciones nómadas. Ligado a la pérdida de las culturas nómadas está el problema de la desaparición de razas autóctonas, seleccionadas durante siglos por los pueblos pastores. Se conocen actualmente unas cuatro mil razas de animales domésticos, pero casi mil se encuentran en grave riesgo de extinción y otras mil se han extinguido ya durante las últimas décadas, debido principalmente a la difusión de unas pocas razas comerciales impuestas por empresas agroindustriales.

El ritmo de desaparición actual es de dos razas autóctonas cada semana, lo que supone una enorme vulnerabilidad genética: por ejemplo, se estima que para el año 2015 todas las decenas de millones de vacas frisonas existentes en el mundo corresponderán a una variabilidad de tan sólo 66 ejemplares, con grave riesgo por lo tanto para la alimentación mundial en caso de enfermedades o degeneraciones. Las razas autóctonas sobreviven en cambio en condiciones adversas y son resistentes a muchas enfermedades, como resultado del trabajo milenario de selección y mejora de los ganaderos locales. Su uso múltiple, no especializado para una única producción, duplica generalmente al de las razas modernas hiperseleccionadas, y son mucho más dóciles y fáciles de manejar. Sin embargo, los derechos de los nómadas están siendo usurpados ahora por las empresas agroindustriales, que expolian sus territorios y patentan sus conocimientos y la genética de sus plantas y animales.

España, con su legislación protectora del pastoreo trashumante que se remonta al siglo XIII, debe constituir una referencia fundamental para demostrar la compatibilidad entre la conservación de las culturas nómadas tradicionales y el desarrollo sostenible. La red nacional de vías pecuarias, cañadas, cordeles y veredas, con su patrimonio de descansaderos, abrevaderos y coladas, permite relacionar entre sí todas las comarcas del territorio español mediante corredores lineales de 125.000 kilómetros de longitud y más de 400.000 hectáreas de superficie. Esto ha permitido conservar una de las diversidades biológicas mayores del mundo, con unas cien mil especies zoológicas y vegetales distintas. La riqueza de los pastizales españoles, con más de cuarenta especies herbáceas por cada metro cuadrado de terreno, es la más alta que se conoce, y supera incluso a la de las selvas tropicales.

Por otra parte, la estructura de los pastizales españoles, donde el césped se ve enriquecido por arbolado disperso de encinas, alcornoques, robles, fresnos y pinos, tiene una de las máximas capacidades para absorber carbono atmosférico, lo que contribuye a mitigar la grave amenaza del cambio climático, que afectará terriblemente a nuestro planeta durante las próximas décadas. Los bosques y matorrales ibéricos almacenan unas 120 toneladas de carbono por hectárea y los pastizales, 150 toneladas, y mantienen al mismo tiempo una alta producción ganadera y una gran biodiversidad en fauna y flora silvestre, almacenan agua en profundidad, evitan la erosión y favorecen la actividad microbiana. A escala mundial, los pastizales, gestionados y mejorados por los pastores durante siglos pueden contribuir a fijar más del 20 % de las emisiones globales por utilización de combustibles fósiles.

Otra importante contribución de los investigadores españoles al conocimiento del pastoreo nómada y trashumante ha sido la determinación de la función de los herbívoros para la conservación de la biodiversidad. Cada rebaño de mil ovejas trashumantes traslada diariamente a lo largo de las vías pecuarias 3 toneladas de fertilidad y 4,5 millones de semillas. Como la rumia y digestión de estas semillas suele durar entre 2 y 5 días, éstas son excretadas a entre 40 y 100 kilómetros de distancia de donde fueron ingeridas, lo que supone una siembra permanente a lo largo del territorio, donde cada planta encuentra nuevas condiciones de supervivencia, algo que es fundamental en la actual situación de cambio climático. Durante una trashumancia de un mes desde Extremadura a la cordillera Cantábrica o desde Andalucía hasta las montañas de Albarracín, cada rebaño de mil ovejas traslada, digiere, abona y siembra la increíble cantidad de 135 millones de semillas.

El ejemplo de España debería servir a países como Mongolia o Kenia o Nepal o Tanzania o tantos otros países donde los pueblos nómadas, ya se llamen masáis o samburus, van gujars, o peules, afares o boranas, gabras o pokots viven marginados y sus Ministerios de Medio Ambiente, Agricultura y Ordenación Territorial ignoran las enormes ventajas y los importantes servicios que el nomadismo pastoralista aporta a las economías de esos países, y a la conservación de sus ecosistemas y recursos naturales, perfectamente valorables económicamente, por la economía ambiental...

Jesús Garzón

 
   

Publicado en la editorial LUNDWERG, S.L. De venta en grandes librerías (La Casa del Libro, El Corte Inglés, FNAC, Deviaje, etc.) y en internet

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